sábado, 20 de julio de 2019

¿Cuántos Camellos Valgo? Conclusión de la aventura Egipcia


¿Cuántos camellos valgo?
            La aventura egipcia está terminando. Me ha sabido a poco. Con todo y el calor brutal y las desmañanadas de locos, ha estado increíble y me quedo con ganas de volver pronto y conocer más de este país que a ratos siento muy exótico y a ratos muy hermano tanto de mi México, como obviamente de Jordania.
            Las púbers no opinan lo mismo. Han extrañado mucho su casa, su comida y sus costumbres. Yo pensé al invitarlas que les iba a encantar salir de la rutina y conocer cosas nuevas y que a esa edad a todo se adapta la gente. Olvidé un detallito. Son aborrecentes. Han tenido cara de martirio de constante y han pasado días enteros en el camarote o en el coche cuando no quise dejarlas solas en el hotel. Se han quejado de la comida diario aunque ha habido mil cosas para escoger en los buffets de desayuno y muchas cosas se parecen muchísimo a su comida. Las llevamos dos días a cenar pizza porque ellas quisieron, cosa que yo jamás hubiera hecho aquí, pero para darles gusto, vaya y pase. Igual andan de jeta. La verdad, valiosa lección. No las vuelvo a llevar ni a los tacos, porque además resulta que soy la mala de la película, que las traje para victimizarlas seguramente, como si fuera un deporte sádico invitar a la gente a unas vacaciones, comprarles ropa porque a las babosas se les ocurre venir a Egipto en verano de suéter- se les dijo, se les repitió, incluso, se les volvió a decir que iba a hacer un calor de la tuna...... Pero pues así las cosas. Ni hablar. Ya estoy en plan de que mejor no les hago caso.
            Hubo en el Alto Egipto un par de ajigolotones con los hombres egipcios y a eso viene el título de este capítulo. A los egipcios les gusta bromear con las turistas acerca de cuantos camellos ofrecen por las mujeres, a manera de piropo. En otros países del norte de África si ofrecen camellos por ti, es en serio y nunca debes decir que sí ni de broma, pues pueden tomarlo como un trato hecho. Acá están jugando. En el crucero, un día que unos “empresarios” en una lancha se acercaron a vender cosas, me preguntaron de donde era y me dijeron que valía 100, 000 camellos. La oferta fue en español y Alarís estaba distraído y no se dio color de que iba la cosa.  La última noche en Luxor, veníamos caminando en la calle después de llevar a las niñas a cenar al centro y pasaron unos escuincles en una carreta de caballos . No tendrían más de 13 años. Al pasar junto a nosotros uno le dijo a Alarís, ¿Cuántos camellos quieres por tu esposa? Alarís, le contestó, no te daría ni medio, porque entendío que cuantos camellos le daban por esposa, y de repente que le cae el veinte. Hizo un berrinche tremendo. Quería alcanzar a los mocosos, estaba como chango rabioso y no entendía porque yo que suelo ponerme brava con los idiotas en Petra que se ponen groseros, no les dije nada. Le dije que porque eran niños que estaban jugando y que no tenía la menor importancia. Pues se amargó cañón e hizo un tremendo berrinche. Menos mal no le dijeron nada de su hermana y sus sobrinas, jajaja. Pero está cañón como mi valor de mercado pasó de 100,000 a 0.5 en un par de días.

            Terminados los días en el crucero y el alto Egipto, salimos tempranísimo al aeropuerto de Luxor para volar a Cairo en donde nos esperaba nuestro viejo chofirete, con las camisas de Alarís finalmente, y un nuevo guía. Nos treparon en la camioneta y nos llevaron a tomar el tercer desayuno del día a las 7 de la mañana. Salimos del hotel a las 4.30 con una cajita no tan feliz, en el avión nos dieron unas galletitas y este hombrecito insistió en que nos empacaramos unos sándwiches de falafel. Te digo que con los arabitos yo me siento como caballo con bolsa de comida amarrada a la boca. Y me luce. Todo el día estoy comiendo. El falafel y yo no somos uno mismo porque si no esta hecho en un buen lugar, le suelen poner migas de pan molido para que “abunde” y freírlo en aceite muchas veces. El pan absorbe el aceite rancio y ya te imaginarás el resultado. Sabe a carburador y lo repites durante horas.  Otra vez, me enfermé después de comer falafel o sea que no es muy santo de mi devoción.  El guía insistió tanto y trajo unos sándwiches preparados con tanto entusiasmo que me zampé uno. Y estaba bueno. Aquí en Egipto hacen un pan buenísimo. Dicen que se inventó aquí de hecho el asunto de hacer pan. No sé si será cierto pero la cosa es que les queda buenazo. Trajo unas pitas ligeritas como tortillas recién hechas abiertas y rellenas de bolitas de falafel apachurradas con pepino picado, chile, y un poco de jitomate y lechuga, comino, pimienta y cilantro. Un poco diferente a como lo hacen en Jordania, pero muy bueno. Y no estaba grasoso ni gacho.

            Tuvimos oportunidad de ver de pasada algo más de Cairo: edificios coloniales, muchas mezquitas arabescas, avenidas grandes, estadios. El presidente Al-Sisi se ha puesto las pilas mucho para traer gente a Egipto. Después de la Primavera Árabe en 2011 y la segunda revolución poco después, el turismo decayó mucho en el país y este señor está trabajando por traerlo de nuevo. Así, se está jugando aquí la copa Africana de Naciones de fut, está el foro anticorrupción de África, la reunión de juventudes Africanas y Árabes, hubo en Luxor un festival internacional de cine y está levantando la mano para miles de cosas para traer atención positiva a su país, que está lindísimo.
            Salimos pues para Alejandría, en la costa mediterránea. Después de la desmañanada y el desayuno, nos dormimos en el coche un rato, hasta llegar a un parador. Las carreteras en Egipto están bastante buenas. Son de peaje, pero están en buenas condiciones y hay unos paraderos muy buenos con grandes estacionamientos, cajeros, baños muy limpios, gasolinerías y muchas tiendas alrededor. Como esta carretera va a Alejandría que es la playa favorita de los egipcios clasemedieros en verano- los que tienen más dinerito van a Hurghada, al Mar Rojo-, las tiendas venden chanclas, crocs, bolsas de playa, todo tipo de inflables, trajes de baño, bloqueadores de sol y gorras, música, y todo lo que se te ocurra para la vacación además de sándwiches, varios tipos de café desde Starbucks hasta Noescafé y todos los intermedios. Muy atopadizo el asunto. Me gustó.
            Llegamos a Alejandría. Está interesante, pero si tienes pocos días en Egipto, no lo considero un imperdible.  Las afueras llenas de canales y cultivos. El perímetro de la ciudad hecho un desastre vial,  colonias muy pobres con tuk tuks que se rifan el pellejo para ir en todos los sentidos menos el correcto, caballos, tranvías, edificios demolidos, etc. Se visitan ahí varias cosas: una catacumba grecorromana con mucha influencia egipcia en donde se combinan elementos de las dos culturas dentro de el mismo marco. Además al ser bajo tierra, la temperatura está bastante decente.
Después el pilar de Pompeyo, mal nombrado así, porque no fue hecho para Pompeyo sino para Diocleciano en el siglo IV DC. Es una columna enorme de granito que está en el sitio de un antiguo Serapis.  También fuimos a ver la ciudadela de Quitbey, un fuerte mameluco construido en el sitio donde estuvo el Faro de Alejandría. Para llegar, se pasa por el malecón, lleno de edificios coloniales afrancesados, con el mediterráneo al frente. Muy lindo. El fuerte es muy bonito y tiene unas vistas espectaculares. Comimos en un sitio de mariscos . Alarís, el chofer, el guía y yo. Las niñitas estaban sentadas con cara de huarache y las mandamos a ver si puso la puerca o a hacer caras a otra parte. Dijeron que no tenían hambre, con jeta.  Perfecto, no coman. Les pedimos algo para llevar por si protestaban al rato y si quieren jugar al Mahatma Ghandi, a mi me da igual, que las alimenten sus madres cuando lleguen a su casa. Fuimos a la biblioteca de Alejandría. Ahora es moderna, construida en el sitio de la antigua y famosa.  Después de unas fotos, salimos de regreso para Cairo en donde ahora nos vamos a quedar en el centro, ya no en Giza, para cambiar de ambiente, ver cosas distintas y con suerte ver a mi amiga Omnia.
            La plaza el Tahrir, famosa por el inicio de la revolución ahora, como Taksim en Estambul, es muy  padre, cerca del Nilo, del museo Egipcio, de varios hoteles grandototes como el Ritz y el Intercontinental, de edificios antiguos, pero también de la zona del centro de compras. Muy interesante caminar las calles. Los egipcios no tienen empacho en ocupar las calles con terrazas espontáneas de los cafés, sacan sillas y mesas y ocupan la vialidad completa para servir cosas de beber, poner shishas y ponen pantallas de tele en la calle donde proyectan películas o ahora, los partidos de la copa de fut.  Cenamos unos tacos egipcios, Alarís, mi cuñada  y yo. Las niñas chicas no quisieron salir. Se quedaron amenazadas de no salir del cuarto. Yo ya no me voy a pelear, que le hagan como quieran.  Caminamos por las calles, tomamos fotos, nos sentamos un rato en un café a ver el juego entre Túnez y Nigeria y tomar algo. Cuando nos fuimos, a las dos cuadras, la hermana de Alarís dijo que dejó su llave del hotel. El dijo, no importa, pedimos otra. Yo dije, no la dejaste con la carterita que dice hotel y número de cuarto verdad? Dijo, si. Así justamente. Dije, híjole, pues con la pena, hay que ir por ella porque cualquier maloso igual cree que es invitación y se te mete al cuarto o algo.  Jeta. Se quedó ahí pasmada mientras ahí va Alarís a por la dichosa llave y me deja “cuidando” a la escuincla. No sé. Me shockea que las eduquen como taradas, las sobreprotejan de esa manera, que vean como normal que sean tan infinitamente pendejas y que en un año, esa persona se espere que sea la señora de su casa y a lo mejor responsable de hijos. En qué momento creen que le va a “crecer” un cerebro, si nadie le ha dado la responsabilidad ni de ir por unos tacos sola, ni de cuidar de una llave y luego va a cuidar de un niño?  Asumen que alguien más les va a solucionar siempre. Y si caen en manos de un marido o una familia política buena, pues igual y les va bien, pero y si no, están perdidas. Y no es culpa del indio, sino de quien lo hace compadre. Me parece aterrador.  Agradezco haber nacido donde nací y que se me hayan dado las herramientas para pensar por mi misma, para valerme yo sola, para poder decidir. Tal vez en muchos aspectos es mucho más fácil dejarse cuidar, pero está muy fuerte vivir así.  Además no acabo de entender la ideología de defenderlas a capa y espada de que se sienten junto a un pobre güey equis que ni las pela en el avión pero eso sí, dejarlas solas en el hotel está bien, porque ¿que les puede pasar?


            El último día en Cairo visitamos la parte antigua. Que belleza. Primero temprano fuimos a la zona religiosa que le llaman, donde está la Iglesia colgante, la mezquita de Amr Ibn Alas, la Iglesia de San Sergio y San Bacchus donde estuvo la Sagrada Familia y la Sinagoga de Ben Ezra.
            Si no has ido, hay que ir. Está impresionantemente bonito. La Mezquita, muy linda, es la mezquita más vieja de África. Ha sido remodelada varias veces, pero con muy buen resultado. Me prestaron un batilongo verde porque no traía tapujo y como traía backpack, parecía cualquier Tortuga Ninja.  De ahí fuimos a la Iglesia Colgante. Que barbaridad. Las fotos que normalmente ves son del exterior, que está bastante equis. Se le llama así porque está construida sobre el fuerte de Babilonia y está medio volando. Está increíble es poco. Tiene muchísimos detalles arabescos preciosos, íconos antiguos y vitrales que combinan detalles de dos culturas y de dos religiones. Una cosa espectacular. Después de eso, la otra iglesia, que es bonita, no lo parece tanto, pero es importante porque la Sagrada Familia vivió ahí un tiempo durante la huida a Egipto. Tiene biblias escritas en árabe y árabe y griego mezclado y también muchos detalles artísticos lindos, además del significado histórico.
La sinagoga de Ben Ezra era parte de la iglesia copta, pero los coptos la vendieron para pagar sus impuestos y se convirtió en sinagoga. Hoy en día, hay poquitísimos judíos en Egipto, pero los hubo. Otra vez, la mezcla de detalles arabescos y arte muy hebreo. Es muy bonita y me da paz pensar en la convivencia de las filosofías diferentes, que al final van a lo mismo .
             Después fuimos a ver la ciudadela de Saladino, que es un fuerte de la época de las cruzadas. En su interior tiene dos mezquitas. Una de ellas, una copia de la Mezquita Azul de Estambul, un tanto achicada  y con menos minaretes, pero igual bonita. Le llaman la mezquita de Alabastro, adivina porqué.  Fuimos también al bazar Khan el Khalili, la zona de bazares más antigua de Cairo. Me hubiera podido pasar ahí todo el día baboseando, entre los edificios antiguos y la cantidad de tiliches que se venden y se exhiben por todos sitios.
            Fuimos a comer. Primer intento a un lugar tradicional de Koshari. Mira que no soy muy particular ni picky, pero el lugar estaba sucísimo y el baño de dar susto. No limpiaron la mesa entre un grupo y otro y todo estaba pegosteoso. Le dije al guía que con la pena, pero ni de broma.


            Nos llevó a otro sitio a comer y todos felices. Obvio ya sabran quienes no.
Ya para despedirnos de Cairo fuimos al Museo Egipcio, que como todos los grandes museos, da algo de indigestión de información. El guía estaba entusiasmadísimo explicando todo, pero el museo tiene miles de piezas...... Ya nos queríamos escapar casi. Vimos los tesoros y las momias. Están padrísimas las cosas, pero la verdad, las tienen mucho mejor en otros museos cuando las prestan o en sus colecciones permanentes. Acá, al estilo del Medio Oriente, todo está arrumbadón y algo mugroso. El nuevo museo promete estar espectacular. Ojalá. Los egipcios son muy nacionalistas y muy de “lo suyo”, pero luego no lo cuidan.
Ya de camino al aeropuerto pasamos a un mall enorme a buscar una camisa para Francisco mi hijo, del héroe egipcio Mohammed Salah. Por ridículo que parezca, todo el mundo lo adora, pero encontrar la camisa original es un problema. Piratas, las que quieras, la buena, un circo.
Al final lo logré.
            Estuvo increíble. Me voy con ganas de volver, de ver más y conocer más de Egipto, de su gente y sus costumbres.
            Cuando vayas, acuérdate a donde vas. No esperes los estándares de Europa o de América. Estás en un país tercermundista en Medio Oriente con una filosofía muy particular. Lo que ellos consideran higiénico y su escala de estándares de hoteles es muy diferente a la del resto del mundo. Su manera de manejar es espeluznante y a puro claxonazo, pero tiene muchísimo encanto y tiene cosas increíbles. Es cosa de tener la mente abierta y esperar de Egipto, lo suyo, no que sea Palm Springs o La Toscana. Es como ir a la India y pretender que sea Zurich. No te va a gustar. Si vas con la idea de que es lo que es, te vas a enamorar porque es increíble. Así igual Egipto.
            Ma Salame!
           

martes, 16 de julio de 2019

Al Masr: el Alto Egipto


Al Masr: El Alto Egipto




            Egipto es una tierra de contrastes impresionantes. Y mira que vengo de México donde no se cantan mal las rancheras. En Egipto pasas de el desierto más árido y desolado, viniendo de Jordania, no del Amazonas me pareció terriblemente invivible, el Sahara no tiene su mamá, está del terror, hasra las riberas del Nilo que están llenas de plantaciones tropicales de mangos, caña de azúcar, dátiles, platanos y mucho más. Así mismo, en la misma calle, pasas de una colonia mega-pobre a una lujosísima: sobre Alexandria Road vas de Giza que está horroroso a un lugar que se llama Palm Hills con unos fraccionamientos lujosísimos, universidades, concesionarias de coches carísimos y lugares de compras internacionales picudas.
            La gente es copta o musulmana, Nubia o Egipcia, militar o civil. Extraordinariamente cultos o abismalmente ignorantes. Y todo cabe bajo el mismo sol y enriquece la experiencia de quien tiene oportunidad de compartir con ellos.
            Continúa la aventura Egipcia con un vuelo a una hora indecible para Aswan. Cabe mencionar que todo en Egipto empieza a unas horas del terror para evitar el calor: los vuelos temprano son a unas horas bárbaras, las visitas a los templos, más ahora que es verano son de madrugada, y se agradece porque cuando sale el sol el calor es bestial. Así visitas muy prontito, y luego a la hora de más calor te vas a la alberca o a tomar una siesta en el aire acondicionado.
Total, que salimos de Cairo en un vuelo tempranero con la sorpresa de que mi amiga Omnia nos mandó en Business. Gran detalle. La cara de horror de mi cuñada cuando vio que le tocaba sentarse junto a un señor desconocido a mi casi me mata de risa. Resulta que en Jordania, hay un sistema siempre para que las mujeres y hombres que no son familia no se sienten juntos, no vaya a haber ninguna especie de familiaridad  no deseada por alguna de las partes. Así en autobuses, peseros y demás, hay un relajo de “juego de las sillas” para que todo mundo quede acomodado con su cada cual, en vez de que cada quien mantenga sus manitas en su sitio. Una cosa rarísima. Cuando vi la carita de esta niña, rápidamente le cambié el lugar, la mandé a sentarse con Alarís y yo me senté junto al hombrecito ajeno.


            Llegamos a Aswan y fuimos directamente a visitar la presa que es una obra de ingeniería impresionante que cambió la vida de Egipto completamente al controlar las inundaciones y hacer posible que los cultivos no fueran anuales, si no de riego, pero también evitó que los lodos tan ricos en nutrientes bañaran las tierras de cultivo.  A su vez, dio lugar al lago Naser, una presa gigantesca y a que varios templos tuvieran que ser movidos para no cubrirlos con agua.  Después fuimos a ver uno de esos templos, el templo de Philae. Hay que ir en lancha porque está en una Isla. Lo cortaron en pedazos y lo movieron cuando se terminó la presa. Está dedicado a Isis y es una verdadera belleza. Aswan colinda con la región Nubia y la gente es muy amable y muy interesante. Los Nubios son una etnia que viven entre Egipto y Sudán, con un idioma distinto del árabe y unas costumbres muy particulares. Al termino de la visita, nos fuimos a nuestro crucero a dejar las maletas, comer y descansar durante las horas de más calor. En el Nilo hay muchísimos barcos que hacen el recorrido de Aswan a Luxor, generalmente en 4 días y tres noches o en una semana. Con diversos grados de lujo, pero todos muy cómodos y muy lindos. Unos antiguos, unos modernos, unos de vela o vapor, otros de motor.  Es una manera muy agradable de ver el alto Egipto.  A Aswan se puede llegar por avión, por tren o por autobús desde Cairo.  Hay varios hoteles ahí también si no se quiere tomar crucero o si hay que esperar un día para abordar. Los mejores, el Old Cataract y el Mövenpick. 
Por la tarde fuimos a ver un pueblo Nubio. Esta no es una visita que hace todo el mundo, pero vale muchísimo la pena. El colorido de las construcciones, la amabilidad de la  gente, la riqueza de sus costumbres, el sabor de su café es algo que en verdad merece ser conocido y hay que ir también en lancha, el recorrido por el Nilo es precioso. De camino pasamos a una isla que está convertida en Jardín botánico y que para las niñas jordanas, que vienen de un país que es casi puro desierto, es un pedazo de cielo.


Por la noche, Alarís y yo salimos a caminar al pueblo. Como todo en Egipto, es un caos vial tremendo, un relajo sin ley en cuanto a tráfico, una indigestión de sonidos y colores. Señores tumbados sin ton ni son en la calle y los parques, niños y animales por todos lados, tuk tuks y peseros, gente en bici vendiendo aguas. ....Todo muy seguro, los vendedores un tanto intensitos, pero muy divertido. Nos daba risa que se referían a Alarís en Español siempre. Le digo que ya tiene cara de poblano.
            Al día siguiente, otra vez a una hora que no es de Dios, nos levantamos para ir a Abu Simbel. Este es un sitio con un par de templos dedicados a Ramsés II y Nefertari que estaban tallados directamente en la piedra, en la región Nubia, casi en la frontera con Sudán. Hay que ir muy temprano o ya tarde por el calor, porque hay que manejar casi tres horas, cruzando el Sahara para llegar. Salimos a las 4 am, en una camioneta en la que manejaba un chofer, y su relevo dormía en la silla del copiloto. El guía se echó una siestita en el asiento de atrás, y las niñas y Alarís también. Traíamos unos desayunos para llevar e hicimos una parada de baño y café.

Bien valió la pena. El sitio es extraordinario. Los templos son gigantescos y construidos con gran detalle y precisión astronómica. Este sitio también tuvo que moverse al llenarse la presa, por eso dije que “estaban tallados en la piedra”. Están, pero esas piedras las movieron de su sitio original.
Se llama Abu Simbel porque el explorador que lo descubrió tenía un hijo adoptivo llamado Simbel. En la cultura árabe, cuando tienes hijos, te llaman Papá de-----, así Belzoni era conocido como Abu Simbel y el sitio también.
            Las pobres niñas no sabían donde meterse por el calor. Venían con suéteres y jeans negros. Eran las 7 am, pero estábamos bien por arriba de los 40 grados.  Decidí parar la masacre y que no pasara de ese día la compra del traje autóctono, por lo que pedí al conductor que de regreso nos llevara a algún sitio para comprar algo.
            El regreso estuvo medio peliagudo porque ya el sol había subido y la carretera estaba llena de espejismos y reflejos y el chofer “descansado” venía teniendo problemas. O se venía durmiendo o el sol lo venía molestando pero un par de veces dio unos volantazos y me sacó el chamuco. Otra vez, Alarís, que es gran persona, me dijo, espérame, yo lo arreglo. Les dijo que necesitaba parar. Paramos, les invitó un café de forma insistente, les platicó para despejarlos y no se como hizo para que manejara el otro compadre, sin que se sintieran ofendidos y hostigados.
            El sitio a donde nos llevaron a comprar era el típico bazar turístico, muy surtido pero muy caro. No nos gustó y preferimos esperarnos a Kom Ombo, a donde íbamos a ir en la tarde.
            Volvimos al barco a tomar una siesta, comer y descansar del calor y por la tarde bajamos en Kom Ombo a ver el templo dedicado al Dios Halcón y al Dios Cocodrilo. Precioso también. Esto en estilo greco-romano, muy distinto a lo anterior, pero muy bonito. Vimos momias de cocodrilos y nos dimos vuelo con la compra en el mercado, donde disfrazamos a la chamacada con pantalones guangos de algodón y camisas de manta de manga larga, pero de colores claritos y frescas y les compramos también de regalo a las otras hermanas que no vinieron. Así ya tienen algo para no morir de calor, pobres.
            En la tarde jugamos mímica, platicamos y lo pasamos padre mientras el barco nos llevaba hacia Edfu.
            A la mañana siguiente, visitamos Edfú a las 6 am, otra vez, antes de que hiciera calor. A este templo se va en calesa de caballos, otra forma divertida de ir.  El templo es también greco-romano y muy lindo, con inscripciones elaboradísimas.  Las niñas de plano ya no pudieron más. Entre el calor y las desmañanadas, nos dijeron que si estaba bien que se brincaran este. Les dijimos que claro que si, son vacaciones, no sentencia, o sea que se quedaron a dormir toda la mañana.


            Alarís y yo fuimos, disfrutamos la visita. Traemos un guía espectacular, solo para nuestro grupo. Lo pedimos en inglés, en atención a mí. Además Alarís pensó que las niñas no iban a querer atender a explicaciones, iban a estar más contentas solo tomando fotos. Pues este chavo ha hecho las explicaciones en árabe y luego un poco en inglés para asegurarse de que todos hayamos entendido y es encantador.  No fuma, cosa que en los países árabes es rara y es un MEGA plus, pues la mayoría de los guías fumadores tienen un alientazo y además les urge darte “el tiempo libre” para irse a fumotear y tienen mala condición física. Este chavo, un estuche de monerías.

Volvimos al barco a desayunar y mientras lo hacíamos, por la ventana vimos a un par de egipcios en una barca de remos, colgados de nuestro barco. Traían su tiendita flotante y enseñaban por la ventana sus mercancías con muy buen humor. Nos hicieron reír mucho. Subimos a la cubierta y platicamos con ellos. Nos aventaron cosas de ida y de regreso en distintas tallas y modelos, y luego empezó el regateo. Estuvo chistosísimo. Acabamos comprando una chilaba para Ummi, y luego Alarís se fue a dar un masaje, mientras yo me fui a trabajar un ratito y a tomar una siesta. En cualquier otro sitio yo también le hubiera entrado al masaje o si hubiera habido una mujer, seguro lo hubiera hecho, pero ya me estoy haciendo un poco a la cultura árabe y el que otro hombre árabe me toque sin ropa me incomoda un poco porque sé que en su cultura es muy tabú y que además Alarís lo va a pasar mal, o sea que sin comentar el punto, preferí pasar de largo.
Teníamos varias horas de navegación para disfrutar la alberca, el descanso y llegar en la tarde a Luxor. Las visitas “fuertes” de Luxor estaban programadas hasta el día siguiente, pero le pedí al guía que nos llevara a ver lo “no tradicional” en Luxor: las mezquitas, la ciudad, la catedral. El vive en Luxor y me dijo que encantado nos organiza un tour de la ciudad. Algo distinto al Valle de los Reyes y los templos de Karnak.
            El verano no es la temporada alta de turismo en Egipto. Mucha gente le saca la vuelta al calor y aquí de Octubre a Abril es cuando están a tope. Ahora, el barco solo trae a un grupo de españoles y a nosotros. Venimos consentidísimos. Una noche nos prepararon un hojaldre típico egipcio con un queso como chanklish y miel para que probáramos algo que solo se come en las casas egipcias, han tenido mil detalles con nosotros, no solo porque Omnia nos mandó bien recomendados y porque el barco es buenazo, sino porque Alarís ya es compadre de todo el mundo y bromeamos en árabe con toda la cocina, los meseros y los camaristas. No suelen tener mucho turismo local o sea que les parece novedad.
Total que llegamos a Luxor  y el barco atracó un poco lejos de la ciudad o sea que preferimos quedarnos a descansar y visitar al día siguiente.
Fuimos a Karnak a ver el complejo de templos que es enorme y fue construido a lo largo de miles de años. Es el orgullo de la gente de aquí y está impresionante, pero no sé, a mi no es el que más me gusta. Por la tarde fuimos a ver el templo de Luxor, ese sí “rebasó” a Philae entre mis favoritos. Es un templo hecho por Amhenotep III, crecido por Ramsés II, pero enmedio se le construyó una mezquita fatimida (de estilo Marroquí, pero de creencias sufís) en el siglo XII, aprovechando las columnas gigantescas. Para entrar, mi cuñada me prestó un hijab, para taparme y por más que intentaba como momia que me tapara cabeza, hombros y brazos, no me daba. Entre que estoy cabezona y que la cosa esta no era muy larga, nadamás no ajustaba. El guía después de verme un rato, se carcajeo y me dijo que no hacia falta tanto tango. Que la gorra bastaba para taparme el pelo y que solo me tapara los brazos y hombros con el hijab. Así ya envuelta como tamalito pude entrar a ver la mezquita. Está divina. Tiene los pilares egipcios gigantes que conservan los jeroglíficos soportando una estructura muy africana, pero con celosías completamente arabescas en puertas y ventanas. Suena a indigestión estética, pero de alguna manera, el resultado es muy lindo.




Al fondo del templo,  Alejandro Magno se hizo un santuario Egipcio que luego usaron los primeros cristianos como iglesia, por lo que tiene unos frescos sobrepuestos a los jeroglíficos y está en medio de una ciudad que huele a caballo y a pueblo, pero tiene mucho encanto. Está increíble. Todas las noches lo iluminan y se ve precioso y hay show de luz y sonido, a distintas horas en distintos idiomas. Muy bien montado.
Del otro lado del Nilo está el Valle de los Reyes con tumbas impresionantes, como laberintos de hormigas bajo la tierra, todas decoradas con murales, sarcófagos y cámaras, el templo de Hatshepsut y las canteras donde se hace artesanía. Luxor es una belleza. Dimos vueltas por el mercado, comimos elotes en la calle. Parece una combinación entre un país árabe y uno latino, con algo de india salpicado en medio, por los edificios coloniales y viejos, la cantidad de animales de dos y cuatro patas en las calles, el caos general.


            Las niñas ya el último día no querían ir a visitar nada, están optudimóder del calor y sienten como colegio tanta explicación y tanta piedra. Yo estoy como niña chiquita, pasándolo padrísimo. Alarís quería dejar a las dos más chicas en el hotel. A mí me dio miedo. Son muy chicas y están muy sonzas. Nunca han ido a ningún lado y me dio pavor que se fueran a salir del cuarto y les fuera a pasar algo, se fueran a ahogar en la alberca o yo no sé. Vinieron con cara de martirio y se quedaron en la camioneta, alternando en un sitio y otro. Lo siento, pero no quiero pensar en tener que decirle a alguna de sus mamás que les pasó algo porque las dejé solas cuando me las prestaron. Si fueran mías, me muero.

 Después de comer y a la hora de más calor, volvimos al hotel, donde Alarís, desmintiendo mi creencia de que no es acuático, se ha dado vuelo nadando como tiburón todos los días. Parece ya una gamba de la quemada de sol que trae.
            Mañana otra vez a una hora terrorífica, nos vamos de vuelta a Cairo para pasar un par de días más. Ya seguiré contando. ....






domingo, 14 de julio de 2019

Al Masr: La Previa y Giza


Al Masr: La previa y Giza











            Vengo a platicar de el viaje que hicimos a Egipto, como vacaciones, como cosa de trabajo y como festejo del cumpleaños de Alarís, todo envuelto en la misma bolsa. Resulta que, como dicen en mi pueblo, Alhamdulillah, o A Dios Gracias, dirían en mi México, hemos tenido todo el año mucho trabajo y poquísimas oportunidades de descansar. Mi cumpleaños lo festejamos de manera express en dos días libres antes de salir volados para México a ver s mi hermano casarse y no nos pudimos quedar mucho tiempo porque nos tuvimos que regresar de volada para atender a unos clientes. Bien valió la pena, gente lindísima. Pero cuando hicimos todos estos arreglos, platicando con Alarís, le dije, que como veía si para festejar su cumpleaños nos íbamos a Egipto, aprovechando que tenía yo que ver unas cosas de negocios allá y que como organizo muchos viajes a la tierra de los Faraones, me dan precio de familia, pues mi operadora de allá es otra de las amigas que la vida me ha regalado por estos rumbos, que aprendí a querer antes de conocer físicamente y la querencia es mutua y grande. Total, quedamos en que sí, y todavía nos tiramos uno al otro el rollo de que, “Si, porque es importante darnos tiempo para nosotros, pase lo que pase, porque siempre hay cosas que hacer, pero esto y lo otro.... Si, tienes razón, bla, bla” y total empecé a organizar el viaje para la semana del cumple de Alarís. Y ZAS! Que me habla otro amigo y gran cliente que quiero mucho y me pide esos días para atender personalmente a unas personas. Ahí voy con mi cara de tarada a decirle a Alarís, que en ciertos casos, se pueden hacer excepciones y mover un poco las fechas y.... Nam, Fátima, kalazintik kabirat! Si Chucha y tus calzonzotes! Pues ajustamos las fechas y ahora sí, compré los boletos antes de que se nos volviera a atravesar algo. Además resulta que hubo alteraciones en el casting. Originalmente íbamos a ir solo nosotros dos. Luego se me ocurrió invitar a mis hijos, que me batearon olímpicamente y luego a mi cuñada más chica, que ahora que se casó su gran compañera, se quedó muy solita. Además es una niña muy artística y pensé que le haría ilusión venir a tomar fotos y pintar, además de salir a orearse. Pero también pensé que se iba a aburrir como ostra solita conmigo y Alarís y entonces maquiné invitar a dos sobrinas pubertas también.  Pedimos las autorizaciones paternas correspondientes, nos fueron otorgadas, mandamos a las niñas a sacar sus pasaportes, y se armó la machaca.
            Entonces el viaje ya tomaba otro matiz interesante. No sólo iba a ser un viaje para conocer más acerca de Egipto, para, como cuando viajo a los países por aquí para ver tooodo lo que le vendo a mi gente, poder recomendar y opinar de primera mano sobre toditito lo que la gente pregunte (que hotel está lindo, como es el aeropuerto tal o cual, que tal el tren, los barquitos, tal tour, cuanto cuesta, donde se cambia dinero y cuánto, que se come, como te vistes, que haces, que tal los baños, conviene más avión, barco o tren, etc.), sino que también me iba a tocar viajar a través de los ojos de tres niñas musulmanas tradicionales, sumamente conservadoras que no solo nunca han salido de su país, sino que rara vez salen de su casa, o sea que para ellas todo es novedad y asombro. Gran responsabilidad, pues quiero transmitirles mi gusto por la aventura, por conocer de manera abierta todo lo que la vida y el mundo tiene para ofrecer, por ver que las diferencias con otras culturas enriquecen, no restan, y que tengan chance de pasarlo padre. Además, sirve que tengo más conejillos de indias para experimentar todo lo que se pueda en Egipto, porque cuando hago mis scoutings de trabajo, dice Alarís que lo voy a matar. Yo tengo lo que hoy en día se llama Déficit de Atención con Hiperactividad, yo creo. Cuando era niña solo me decían que era inquietísima y me portaba de la tuna. Mi capacidad para hacer varias cosas a la vez sacaba de quicio a mis profesoras, que no tomaban a bien que estuviera leyendo novelas, cantando, platicando con quien se dejara y que cuando me llamaran la atención repitiera la lección al centavo y hasta le explicara a mis compañeras de clase como hacer los quebrados. No era yo muy santo de su devoción y gracias a las zapatizas que me llevé en el colegio, aprendí a domesticar mis dragones y a encauzar esas inquietudes mentales, de manera que hoy en día, se ser “mujer orquesta” sin problemas: guíar un tour y mientras la gente se duerme en el coche contesto e-mails, hago programas de viaje, traduzco documentos para la industria farmacéutica, tejo y o leo mientras entreno para un maratón. No es cotorreo.  Entonces cuando viajamos, trabajo mientras vamos en el coche, a la vez que voy mirando por la ventana para tomar fotos, y en cuanto tengo oportunidad pruebo todas las experiencias posibles: el baño turco, el vuelo en globo, el baño marroquí, voy a la fábrica de perfumes, de alabastro, al pueblo típico, al tour de noche, pero al show de luz y sonido, pero al barquito, pero a comer al mercado y también al restaurant más elegante, salgo a caminar temprano, pero también a pasear en la noche, para ver que tal la seguridad, me subo al taxi, al pesero, al tren, al barco y a la calandria y lo que no me da tiempo o no me dejan entrar, por ejemplo a la sección de hombres de los baños, pues Alarís es mi chivo expiatorio, además de que es gran compañero y a todo le entra bien y de buenas. Además estoy orgullosísima de mi uso y manejo del idioma y las costumbres, y aunque no se me quita la facha de azteca, sé regatear y contestar en árabe y es más, con el equipo que traigo, hasta los tours me he aventado en árabe sin broncas, teniendo que preguntar de pronto cuando me suena loquísima la historia.
            Con todo y que venimos 9 días, el tiempo se nos hizo poco para aprovechar todo lo que quería hacer pero no podíamos tomarnos más. El Sinaí no es opción por el momento por cuestión de seguridad. Si bien hay operadores que sí hacen tours al monasterio de Santa Catalina, mi cuatacha dice que ella no se rifa y yo opino que qué necesidad. El mar rojo también nos lo disculpamos, yo porque mi México me tiene completamente malcriada en cuanto a playas, hasta Bora-Bora, Hawaii, las Maldivas y Tailandia me parecen muy monas pero que no tienen nada que hacer junto a mis playas mexicanas porque además de preciosas, tienen un servicio y una calidez humana, un clima y una naturaleza extraordinarias. Además Alarís, siendo jordano, no es un ser muy acuático y las niñas menos, además de que el outfit playero para ellas iba a ser un tema, o sea que tache.
Fuera de ahí, empacamos en los 9 días desde salir al alba de Amman, hasta volver a media noche del último día, toditito lo que pudiéramos ver y hacer en Egipto de las cosas que más comúnmente pide la gente. Y me quedé con pendientes para la otra.
Por lo temprano de la salida y el hecho de que estábamos ocupadísimos antes, un cuñado hizo favor de traer a las niñas a Amman desde la noche de dos días antes de que nos fuéramos. Así, Alarís tuvo un día para hacer unos pendientes, yo también pero también las llevé a dar la vuelta en Amman y nos dormimos temprano y dejamos las maletas listas para salir de madrugada al aeropuerto. Mi casa últimamente parece estación de autobuses porque uno de mis cuñados se retiró del ejército y está empezando a trabajar con nosotros. En lo que se organiza para rentar algo en Ammán, se queda en mi casa, lo que en teoría suena bien. En realidad, para la gente musulmana no es tan cómodo, pues no es correcto que el cuñado esté en la casa solo conmigo si Alarís no está. A mí el qué dirán me viene guango, pero a ellos les importa mucho, entonces si Alarís tiene que salir, el pobre Ajui, también sale aunque esté muerto de cansancio. Otra historia es que yo no puedo salir de mi cuarto en pijama por ejemplo, pues no es decente, y mi casa microscópica está llena de cosas propias y ajenas.  El otro día llegué de un tour larguito, muerta a la casa, llena de ropa sucia, sin haber comido y según yo estaba sola en la casa. Traje el cesto de la ropa sucia a la cocina, eché todo a la lavadora, me encueré ahí mismo y me metí a bañar mientras ponía pollo a cocer, salí de bañarme en pijama y fui a ver el pollo y entonces vi el celular de Ajui cargándose en la sala. Ma-dres! Si me lo hubiera encontrado en el pasillo, no se quien se hubiera muerto primero de vergüenza, el o yo. A eso añádele tres niñas pubertas más, pues parecía hospicio la casa, con cadáveres en los sillones de la sala, colas para bañarse ( que las pubertas decían que sin problema, ellas no se bañaban, les dije que ni de broma, que regla del viaje es que todo el mundo se baña diario, no se van a desgastar).
Salimos para el aeropuerto  en la madrugada, con el buen Ajui de conductor y después de un ajigolotón con los asientos llegamos muy tempranito a Cairo, en donde un señor amabilísimo nos esperaba para ayudarme con la visa. Por ser la única no árabe, era la única que necesitaba visa, para regocijo de Alarís, pues siempre tiene el problema inverso. No hubo bronca, solo pagué mis 25 dolaritos y me pusieron un sellito en el pasaporte con el que nos dieron la bienvenida. Nos estaba esperando afuera un chofer, un guía y una van tipo pesera donde trepamos todas las maletas y nos fuimos directamente a ver las pirámides. Al entrar a Giza, la cara de Alarís se iba cayendo.
Egipto se llama en árabe Misr o Masr pero se le dice Umm al Dunya o Madre del Mundo por haber sido una civilización tan grande. Entonces Alarís esperaba algo muy muy cañón. Giza parece Iztapalapa. De petatiux. Está bastante gachito.  Las pirámides padres, la esfinge y el templo del valle también. Vimos el barco Solar, que mucha gente no ve, porque se paga aparte. Vale la pena. Alrededor de las pirámides, durante las excavaciones, se encontraron cinco barcos “solares”, cuatro están regados en museos en el extranjero, solo uno está aquí. Eran unos barcos que se creía que las almas usaban para ir al otro mundo y volver antes de que saliera el sol. El barco es precioso y está bien montado su museíto. Además es un buen break con aire acondicionado, donde refugiarte del calorón de Giza.  Las pobres niñas lo están pasando fatal con el calor. Vienen vestidas muy poco adhoc: camisas de manga larga como de leñador o incluso sweateres, pañuelos muy lindos para cubrirse la cabeza, y pantalón largo. Claro que a los dos minutos de estar afuera se sofocan. Yo ando en pantalones de lino o algodón que parecen pijama y con playeras de algodón super frescas y tengo calor. No manches. Por mas que les digo que son vacaciones, que prometo no rajar, que se vale que se deschonguen, no se animan. De plano les voy a regalar unos outfits egipcios que cuadren con sus creencias pero que también las tengan frescas: de manga larga pero de algodón o lino clarito y algún gorro que les tape el pelo, pero que se quiten la bufanda. Se ven divinas pero se van a morir.
Terminando la visita y después de tomar fotos muy divertidas fuimos a comer, a ver una fábrica de papiros y a descansar al hotel. Los hoteles en Giza están enfrentito de las pirámides, literalmente cruzando la calle, pero no sé hoy en día que tanto vale la pena quedarse ahí. Están levantando un nuevo museo de Egiptología al lado que va a estar listo en 2020 y va a estar increíble, pero si no, yo creo que de plano está más lindo quedarse en Cairo. Las callecitas de Giza están cotorras porque hay mil tienditas, todos los egipcios te quieren llevar a ver “solo una cosa”, es un peligro cruzar las calles porque manejan como desquiciados. El Steigenberger, El Mercure y el Le Meridien son los hoteles mejorcitos, fuera. El Steigenberger muy superior a los otros dos. Dentro de el complejo de Giza está el Marriott Mina, antiguo palacio. Muy lindo.

            Las niñas cayeron secas, entre el cansancio y el calor después de comer. Esa es otra historia. Sus mamás cocinan delicioso y jamás comen fuera de su casa si no es shawarma- el taco árabe que es el abuelito del taco al pastor- o sopas tipo Maruchan. En serio. Entonces las caras de espanto en el restaurant fueron priceless. Hasta el gerente salió a ver si les podía ofrecer otra cosa. La comida no era espectacular pero tampoco estaba mal, y para ser comida de tour, en Egipto, estaba muy bien: sopita de pasta, varias verduras, pescado rebozado o pollo asado, fruta. Comieron poquísimo con cara de asco y se fueron a echar una siesta.
En la tarde yo salí a dar la vuelta y lo pasé bomba, compré uno que otro trique en las tiendas de “solo venga a ver una cosa”, hasta que Alarís me habló para ver donde andaba. Regresé con perfumes, papiros, escarabajos, fotos y la risa floja.
Nos alistamos para salir a cenar verdadera comida egipcia.
Abou el Sid es un restaurant que es cadena, lo hay en varias sucursales en Cairo, pero es bastante bueno.  Yo quería ir a comer auténtica comida egipcia y probar varios platos. Las niñas no iban a cooperar en esta ocasión. Escogimos una sucursal en un centro comercial, las instalamos en el fast food a comer sus tacos de shawarma, mientras les dábamos  sus vueltas, hay que acordarse que son niñas chicas y súper de pueblo. Con decir que cuando volvimos al hotel ninguna traía la llave de su cuarto. Pensaron que alguien les iba a abrir o que Alarís lo tenía organizado. Coño. No pensé que hasta ahí llegara la cosa.  Mientras Alarís y yo cenamos pichones rellenos, alcachofas con ternera, koshari (que es el plato típico egipcio que nació de las sobras de la semana: arroz, espagueti, pasta corta, garbanzo, lenteja, todo mezclado y sazonado rico y cubierto con cebolla muy frita). Cuando acabaron las niñas vinieron a sentarse con nosotros, luego dimos unas vueltas por el centro comercial. Chistosísimo, rentan  unos como animales con llantas eléctricos y entonces hay escuincles montados en leones y vacas por todos sitios. Tomamos un helado, baboseamos un poco y nos fuimos al hotel pronto porque al día siguiente otra vez nos teníamos que despertar de madrugada para volar a Aswan. Los vuelos al alto Egipto son o muy temprano o muy tarde,  y no hubo en el de la noche, o sea que, ni hablar.
            Pasaron por nosotros a las 3.30 y allá vamos al aeropuerto. Nos dimos cuenta después que Alarís dejó todas sus camisas en el closet. Lo bueno es que vamos a volver a Cairo y mi amiga Omnia me va a hacer favor de organizar que alguien nos las lleve al otro hotel. Por estar viendo que si las niñas, los pasaportes y la manga, dejó su ropa. Ups.
            Me convence cada vez más de lo buena persona que es. Le comparte su desayuno al chofer, le ofrece comida a los polis de los retenes por buena onda, bromea con los niños en las visitas, me hace reír todo el día, a todo dice que si y del mejor modo y siempre disfruta todo. No es el mejor comedor, de hecho era malísimo como su hermana y sus sobrinas, pero a fuerza de hacerle algo de bullying ha mejorado y de todos modos, si sabe que es algo que para mí es importante me acompaña a comer chapulines aunque el no se los coma y ya por lo menos prueba. En México la última vez hasta unas quesadillas de cuitlacoche se zampó y eso no está nada fácil.

Continuará......

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