LO EXTRAORDINARIO EN LO
ORDINARIO
Ayer tuve un día lleno de cosas
extraordinarias, dentro de un día que cualquiera pudiera llamar “equis”. Sé que
mi umbral de asombro es muchas veces bajito y me enloquezco con cosas que
muchas personas ven como poco dignas de llamar su atención. Pienso que la vida
se hace feliz así, buscando los pequeños y grandes detalles extraordinarios y
no necesariamente en los gestos grandiosos.
Ayer se me juntaron los dos, sin quererlo. Vamos en orden, que si no, ni
yo me entiendo.
Llevaba
un par de días medio de mal humor porque Alarís había tenido mucho trabajo sin
mí, es la temporada más alta de turismo en Medio Oriente, y yo tenía mucho
trabajo de oficina, pero había tenido poco trabajo de campo y me había quedado
más bien guardada en la casa con mi computadora.
Antes
de ayer le dije que me iba a lanzar a caminar un pedazo del Jordan trail, que
ahora en primavera está divino, y para estar lista y tenerlo fresco por si
alguien qusiera que lo lleve. El Jordan Trail es un camino que va de Umm Qais,
en la frontera con Siria, hasta Ajloun y se puede caminar en tres días. Yo no
iba a hacerlo todo, por supuesto, solo un pedacito de un par de horas en el
bosque de encinos cerca de Ajloun, un castillo cruzado que está muy cerquita de
Amman, donde vive tu charra. Haz de cuenta que fuera a ir a caminar a La Pila
desde México, o a La Marquesa.
Rápidamente paró la oreja como perro de cacería y me dijo: ¿Cómo? Vamos
juntos. Le dije, no, me dijiste que tenías cosas que hacer y yo no tengo ganas
de seguir guardada en la casa. Rápidamente se entusiasmó. Tenía trabajo muy
temprano, tenía que llevar a unos ingleses del Mar Muerto al aeropuerto,
volvió, desayunó como pelón de hospicio y partimos, yo creí que a Ajloun. De
salida me dijo, está mejor hacer otra parte del camino, está más bonita. Yo
pensé, OK; total, a Ajloun sé llegar perfecto y me gusta conocer nuevos
lugares. Fuimos a un parque ecológico
que se llama Sharhabil Bin Hassneh y está al ladito del cruce de frontera norte
con Israel. Hay tres puntos donde puedes cruzar la frontera entre Jordania e
Israel: en el Norte, en el Sur y a la altura de Jerusalén y Ammán. Este es por
mucho el punto más bonito, el cruce fronterizo mejor, pero si está más lejos de
todo.
Bueno, total que de repente, por el camino le
digo a Alarís: Para, para. ¿Poooor? Las flores! El iris negro!
Has
de saber que la flor nacional de Jordania es el iris negro. Es una flor que
crece silvestre solamente en Jordania y Siria, muy bonita y elegante y
solamente florea en primavera en ciertos lugares, en el valle del Jordán, en la
zona de Iraq al Amir, en Karak. Si no
estás abusado no l a ves y ya perdiste tu oportunidad hasta el año que entra.
Hete aquí que había un macizo de iris al lado de la carretera junto a un
changarrito de lámina donde vendían café, que son muy comunes acá en mi tierra.
Nos paramos y le preguntamos al hombrecito si le importaba que le tomáramos
unas fotos a sus flores. Nos dijo que faltaba más, nos preparó café (que para
ser su oficio, le quedó bastante pinza) y nos regaló dos bulbos de iris, que
nos llevamos felicísimos y espero poder mantener vivos en mi casa.
Primer
hecho extraordinario, haber encontrado el primer macizo de iris en flor y
todavía de pilón llevarme dos flores vivas.
Llegamos
al eco-parque, hablamos con la gente de
ahí para ver como está la jugada cuando traes gente, que opciones de caminatas
hay, escogimos hacer la más larga, de 4 horas para conocer, apalabramos un
guía, Alarís se fue a cambiar porque venía vestido muy cuco. Yo ya venía en
traje de carácter con hiking boots, pantalón de explorador, mi consabida
gorrota y todo el kit. Mientras el se cambiaba yo me quedé en una zona con unas
mesas de picnic y como lo mío es la curiosidad me puse a ver a un grupo de
gente muy rara que había ahí. Había un fotógrafo, vestido muy “de ciudad”, unos
señores muy trajeados, con una señora también muy elegante, un juez de la corte sharia, un señor con una
abbaya elegantísima de seda, un señor italiano panzón y fachosón, con coleta de
caballo, desfajado y sin calcetines, pero al que todos le rendían y que traía
una intérprete porque todos los demás hablaban árabe, la señora elegante y los
trajeados, algo de inglés y la intérprete le traducía de inglés a italiano. Oí
que le agradecían mucho y que mañana iba para Petra, que le decían nos vemos
luego.... Me pareció rarísimo. ¿Un director de documentales? ¿Un inversionista
en algún asunto ambiental? Me encanta hacerme historias en la cabeza y como
medio entiendo todos los idiomas que hablaban pues oí todo el cuento, pero sin
antecedentes.
Total,
llegó Alarís, llegó el guía, llegó un chofer con flamante pick-up que nos iba a
llevar primero a casa del guía a por sus tiliches y luego nos iba a dejar a
donde el aire da la vuelta para empezar a caminar. El guía y el chofer solo hablaban
árabe. En mi tropezado árabe les comenté lo raro del personaje italiano y su
corte de admiradores y ellos me platicaron lo que estaba pasando.
Cuántas
películas de superhéroes no he visto en la vida: Ironman, Superman, el Hombre
Araña. Pues esté barrigón coletudo era un superhéroe de verdad. Resulta que es
un pescador italiano que vio como se hundía un barco lleno de sirios que venían
huyendo de la guerra, con 500 personas a bordo, pues el solito, con su barca,
sacó a todos los que pudo y los llevó a tierra. No pudo con todos. Fue una
tragedia y se ahogó mucha gente, pero este señor salvó a 47 personas y les dio
una oportunidad. El pueblo Sirio le estaba haciendo un homenaje de
agradecimiento. Lo que no entiendo de ninguna manera es porqué ahí. El lugar es
precioso, pero muy sencillito. Está muy cerca de la frontera Siria, del
campamento de refugiados de AlZatari, y probablemente había ido allá primero, a
lo mejor iba a pasar el día en Israel, no lo sé, no sé cual era la dinámica o
porqué estaban precisamente en ese lugar, no era el sitio como para una
ceremonia así, o para una cita de ese tipo, pero pues la casualidad quiso que
yo lo viera.
Segundo
hecho extraordinario.
Luego
fuimos a la casa del guía, se bajó de la pick up, trajo una mochilita donde
metió su agua y su manzana, se calzó una gorra y nos dejaron en un camino en la
montaña. Eso es lo más extraordinario de todo. Las montañas de esa zona en esta
época están cubiertas de trigo, de garbanzos, de amapolas, de margaritas, de manzanilla. Es
una verdadera belleza. Caminamos como una hora y de pronto el guía empezó a
gritar “Ayman! Ayman! Mata a un animal, tenemos invitados!” Como si viniera con el hijo pródigo y
hubiera que matar al ternero cebado. Se nos acercó su hijo Ayman, que andaba
pastoreando ovejas y cabras por ahí, con una tetera. Y entonces dijo, si no
Ayman, Raed! Raed! Otro pastor andaba por ahí. Tomamos un té con ellos. Hicimos
fotos con drone, espantando a las borregas y maravillando a los pastores a la
sombra de un avellano. Los pastores por acá siempre tienen burros y el burro es
“el jefe” del rebaño, a donde va el burro, van todas las ovejas. Esto lo logran
porque cuando destetan a los borreguitos les dan de comer siempre debajo de un
burro. Como no son animalitos muy brillantes, creen entonces que el burro es su
mamá, y lo siguen a todos lados. Le ponen al burro un cencerro y santas
pascuas. El burro les lleva el agua, la comida y para acabarla, les cuida las
borregas. Si son muchas, a lo mejor traen uno o dos perros para ayudar a
arrearlas, si no, así nada más. Seguimos y pasamos por una granja de peces. Si.
En el norte del valle del Jordán, una granja de peces, parecidos a las mojarras
en unas alberquitas divididos por tamaños y rodeadas de varios perros para
cuidar, que mucho no cuidarán porque estaban encadenados, pobrecitos.
Me
encontré un costal vacío y empecé con mi maña de recoger basura. El guía me
veía como si estuviera loca, pero al rato ya andaba como yo, recogiendo si
encontraba bolsas de papas y botellas de agua. Mientras más cerca estás de
donde hay gente, más mugre encuentras. Me da mucho coraje. Pasamos junto a una
gran tienda beduina. Los beduinos son grupos de gente nómada, dedicada al
pastoreo que se extienden desde Siria hasta Arabia y se han movido hasta el
Norte de África y hablan un dialecto conocido como bedawi. Viven de los animales de pastoreo y de las
estaciones, y les gusta moverse siguiendo los ciclos naturales. El guía nos
dijo que quería saludar, que si queríamos tomar café con ellos. ¿Porqué no?
Había una gran tienda hechiza, un corral lleno de borregos, dos tanquecitos de
agua afuera y “pasamos”. La tienda estaba sostenida por palos y cuerdas, sobre
unas esteras y alfombras pero abierta. O sea que pasar era agacharte bajo los
extremos de la lona, quitarte los zapatos y pasar a la “sala”, una alfombra con
unos cojines para recostarse como le gusta a la gente de aquí. La tienda tenía
un librero con una tele, “neta”, funcionando. Yo creo que estaban colgados de
la luz de la calle, que estaba más o menos cerca. Había una lona dividiendo
otra parte de la tienda, supongo la cocina, y el sitio de las mujeres, que
nunca vimos, pero se oían niños chiquitos, y un par de niños iban y venían. Nos
ofrecieron café al estilo de acá: café árabe en un termo, con la misma taza
para todos. Ni hablar, no era cosa de hacer la grosería y pues tomé babas
ajenas al parejo. Platicamos muy a gusto, de todo y de nada, nos dieron también
un té de manzanilla silvestre muy rico, nos invitaron a volver cuando
quisiéramos (falta ver cuánto tiempo van a estar ahí), nos dieron su teléfono,
de pronto uno desapareció y volvió muy elegante con un dishdash muy planchado y
pidió una foto. Antes traía unos pants y una playera, se puso guapetón para la
foto, muy simpático.
La
sencillez de esta gente, su hospitalidad y su gran generosidad es otro hecho
extraordinario.
Seguimos
caminando, pasamos frente al puesto fronterizo, vimos un autobús abandonado en
un trigal, llegamos a un pueblito rodeado de limoneros- donde pudimos tirar el
costal lleno de basura- y al final el mismo hombrecito de la pick up nos
recogió para devolvernos al eco-parque.
Agradecimos, nos lavamos las manos y nos regresamos volados y hambreados
a Amman, porque no habíamos comido y nos había hablado un amigo de Alarís que
está casado con una mujer sueca, de padre tunecino, para ir a cenar juntos,
porque el papá estaba de visita.
Nos bañamos en fa, nos pusimos presentables y
nos fuimos a un restaurant grande y muy típico donde a Alarís lo reciben como
jefe de Estado. Nos dieron la mejor mesa, nos atendieron súper, lo pasamos muy
bien con los amigos. Quedé de llevar a esta niña a cenar sushi, que le encanta,
pero su marido detesta, quedó de hacerme un plug-in en sueco para mi página,
quedamos de salir a caminar en la aldea, pues va todos los fines de semana y no
termina de hallarse, a pesar de que habla árabe perfecto. Me encontré con otra
amiga, sin buscarla.
Al
final, me fui a dormir con la cabeza llena de imágenes preciosas, el corazón
crecido por haber visto gente tan valiosa como el italiano y tan generosa como
los beduinos, con una nueva amiga y con
una maceta llena de las flores que representan la primavera en mi país. No me
fue nada mal.