domingo, 14 de julio de 2019

Al Masr: La Previa y Giza


Al Masr: La previa y Giza











            Vengo a platicar de el viaje que hicimos a Egipto, como vacaciones, como cosa de trabajo y como festejo del cumpleaños de Alarís, todo envuelto en la misma bolsa. Resulta que, como dicen en mi pueblo, Alhamdulillah, o A Dios Gracias, dirían en mi México, hemos tenido todo el año mucho trabajo y poquísimas oportunidades de descansar. Mi cumpleaños lo festejamos de manera express en dos días libres antes de salir volados para México a ver s mi hermano casarse y no nos pudimos quedar mucho tiempo porque nos tuvimos que regresar de volada para atender a unos clientes. Bien valió la pena, gente lindísima. Pero cuando hicimos todos estos arreglos, platicando con Alarís, le dije, que como veía si para festejar su cumpleaños nos íbamos a Egipto, aprovechando que tenía yo que ver unas cosas de negocios allá y que como organizo muchos viajes a la tierra de los Faraones, me dan precio de familia, pues mi operadora de allá es otra de las amigas que la vida me ha regalado por estos rumbos, que aprendí a querer antes de conocer físicamente y la querencia es mutua y grande. Total, quedamos en que sí, y todavía nos tiramos uno al otro el rollo de que, “Si, porque es importante darnos tiempo para nosotros, pase lo que pase, porque siempre hay cosas que hacer, pero esto y lo otro.... Si, tienes razón, bla, bla” y total empecé a organizar el viaje para la semana del cumple de Alarís. Y ZAS! Que me habla otro amigo y gran cliente que quiero mucho y me pide esos días para atender personalmente a unas personas. Ahí voy con mi cara de tarada a decirle a Alarís, que en ciertos casos, se pueden hacer excepciones y mover un poco las fechas y.... Nam, Fátima, kalazintik kabirat! Si Chucha y tus calzonzotes! Pues ajustamos las fechas y ahora sí, compré los boletos antes de que se nos volviera a atravesar algo. Además resulta que hubo alteraciones en el casting. Originalmente íbamos a ir solo nosotros dos. Luego se me ocurrió invitar a mis hijos, que me batearon olímpicamente y luego a mi cuñada más chica, que ahora que se casó su gran compañera, se quedó muy solita. Además es una niña muy artística y pensé que le haría ilusión venir a tomar fotos y pintar, además de salir a orearse. Pero también pensé que se iba a aburrir como ostra solita conmigo y Alarís y entonces maquiné invitar a dos sobrinas pubertas también.  Pedimos las autorizaciones paternas correspondientes, nos fueron otorgadas, mandamos a las niñas a sacar sus pasaportes, y se armó la machaca.
            Entonces el viaje ya tomaba otro matiz interesante. No sólo iba a ser un viaje para conocer más acerca de Egipto, para, como cuando viajo a los países por aquí para ver tooodo lo que le vendo a mi gente, poder recomendar y opinar de primera mano sobre toditito lo que la gente pregunte (que hotel está lindo, como es el aeropuerto tal o cual, que tal el tren, los barquitos, tal tour, cuanto cuesta, donde se cambia dinero y cuánto, que se come, como te vistes, que haces, que tal los baños, conviene más avión, barco o tren, etc.), sino que también me iba a tocar viajar a través de los ojos de tres niñas musulmanas tradicionales, sumamente conservadoras que no solo nunca han salido de su país, sino que rara vez salen de su casa, o sea que para ellas todo es novedad y asombro. Gran responsabilidad, pues quiero transmitirles mi gusto por la aventura, por conocer de manera abierta todo lo que la vida y el mundo tiene para ofrecer, por ver que las diferencias con otras culturas enriquecen, no restan, y que tengan chance de pasarlo padre. Además, sirve que tengo más conejillos de indias para experimentar todo lo que se pueda en Egipto, porque cuando hago mis scoutings de trabajo, dice Alarís que lo voy a matar. Yo tengo lo que hoy en día se llama Déficit de Atención con Hiperactividad, yo creo. Cuando era niña solo me decían que era inquietísima y me portaba de la tuna. Mi capacidad para hacer varias cosas a la vez sacaba de quicio a mis profesoras, que no tomaban a bien que estuviera leyendo novelas, cantando, platicando con quien se dejara y que cuando me llamaran la atención repitiera la lección al centavo y hasta le explicara a mis compañeras de clase como hacer los quebrados. No era yo muy santo de su devoción y gracias a las zapatizas que me llevé en el colegio, aprendí a domesticar mis dragones y a encauzar esas inquietudes mentales, de manera que hoy en día, se ser “mujer orquesta” sin problemas: guíar un tour y mientras la gente se duerme en el coche contesto e-mails, hago programas de viaje, traduzco documentos para la industria farmacéutica, tejo y o leo mientras entreno para un maratón. No es cotorreo.  Entonces cuando viajamos, trabajo mientras vamos en el coche, a la vez que voy mirando por la ventana para tomar fotos, y en cuanto tengo oportunidad pruebo todas las experiencias posibles: el baño turco, el vuelo en globo, el baño marroquí, voy a la fábrica de perfumes, de alabastro, al pueblo típico, al tour de noche, pero al show de luz y sonido, pero al barquito, pero a comer al mercado y también al restaurant más elegante, salgo a caminar temprano, pero también a pasear en la noche, para ver que tal la seguridad, me subo al taxi, al pesero, al tren, al barco y a la calandria y lo que no me da tiempo o no me dejan entrar, por ejemplo a la sección de hombres de los baños, pues Alarís es mi chivo expiatorio, además de que es gran compañero y a todo le entra bien y de buenas. Además estoy orgullosísima de mi uso y manejo del idioma y las costumbres, y aunque no se me quita la facha de azteca, sé regatear y contestar en árabe y es más, con el equipo que traigo, hasta los tours me he aventado en árabe sin broncas, teniendo que preguntar de pronto cuando me suena loquísima la historia.
            Con todo y que venimos 9 días, el tiempo se nos hizo poco para aprovechar todo lo que quería hacer pero no podíamos tomarnos más. El Sinaí no es opción por el momento por cuestión de seguridad. Si bien hay operadores que sí hacen tours al monasterio de Santa Catalina, mi cuatacha dice que ella no se rifa y yo opino que qué necesidad. El mar rojo también nos lo disculpamos, yo porque mi México me tiene completamente malcriada en cuanto a playas, hasta Bora-Bora, Hawaii, las Maldivas y Tailandia me parecen muy monas pero que no tienen nada que hacer junto a mis playas mexicanas porque además de preciosas, tienen un servicio y una calidez humana, un clima y una naturaleza extraordinarias. Además Alarís, siendo jordano, no es un ser muy acuático y las niñas menos, además de que el outfit playero para ellas iba a ser un tema, o sea que tache.
Fuera de ahí, empacamos en los 9 días desde salir al alba de Amman, hasta volver a media noche del último día, toditito lo que pudiéramos ver y hacer en Egipto de las cosas que más comúnmente pide la gente. Y me quedé con pendientes para la otra.
Por lo temprano de la salida y el hecho de que estábamos ocupadísimos antes, un cuñado hizo favor de traer a las niñas a Amman desde la noche de dos días antes de que nos fuéramos. Así, Alarís tuvo un día para hacer unos pendientes, yo también pero también las llevé a dar la vuelta en Amman y nos dormimos temprano y dejamos las maletas listas para salir de madrugada al aeropuerto. Mi casa últimamente parece estación de autobuses porque uno de mis cuñados se retiró del ejército y está empezando a trabajar con nosotros. En lo que se organiza para rentar algo en Ammán, se queda en mi casa, lo que en teoría suena bien. En realidad, para la gente musulmana no es tan cómodo, pues no es correcto que el cuñado esté en la casa solo conmigo si Alarís no está. A mí el qué dirán me viene guango, pero a ellos les importa mucho, entonces si Alarís tiene que salir, el pobre Ajui, también sale aunque esté muerto de cansancio. Otra historia es que yo no puedo salir de mi cuarto en pijama por ejemplo, pues no es decente, y mi casa microscópica está llena de cosas propias y ajenas.  El otro día llegué de un tour larguito, muerta a la casa, llena de ropa sucia, sin haber comido y según yo estaba sola en la casa. Traje el cesto de la ropa sucia a la cocina, eché todo a la lavadora, me encueré ahí mismo y me metí a bañar mientras ponía pollo a cocer, salí de bañarme en pijama y fui a ver el pollo y entonces vi el celular de Ajui cargándose en la sala. Ma-dres! Si me lo hubiera encontrado en el pasillo, no se quien se hubiera muerto primero de vergüenza, el o yo. A eso añádele tres niñas pubertas más, pues parecía hospicio la casa, con cadáveres en los sillones de la sala, colas para bañarse ( que las pubertas decían que sin problema, ellas no se bañaban, les dije que ni de broma, que regla del viaje es que todo el mundo se baña diario, no se van a desgastar).
Salimos para el aeropuerto  en la madrugada, con el buen Ajui de conductor y después de un ajigolotón con los asientos llegamos muy tempranito a Cairo, en donde un señor amabilísimo nos esperaba para ayudarme con la visa. Por ser la única no árabe, era la única que necesitaba visa, para regocijo de Alarís, pues siempre tiene el problema inverso. No hubo bronca, solo pagué mis 25 dolaritos y me pusieron un sellito en el pasaporte con el que nos dieron la bienvenida. Nos estaba esperando afuera un chofer, un guía y una van tipo pesera donde trepamos todas las maletas y nos fuimos directamente a ver las pirámides. Al entrar a Giza, la cara de Alarís se iba cayendo.
Egipto se llama en árabe Misr o Masr pero se le dice Umm al Dunya o Madre del Mundo por haber sido una civilización tan grande. Entonces Alarís esperaba algo muy muy cañón. Giza parece Iztapalapa. De petatiux. Está bastante gachito.  Las pirámides padres, la esfinge y el templo del valle también. Vimos el barco Solar, que mucha gente no ve, porque se paga aparte. Vale la pena. Alrededor de las pirámides, durante las excavaciones, se encontraron cinco barcos “solares”, cuatro están regados en museos en el extranjero, solo uno está aquí. Eran unos barcos que se creía que las almas usaban para ir al otro mundo y volver antes de que saliera el sol. El barco es precioso y está bien montado su museíto. Además es un buen break con aire acondicionado, donde refugiarte del calorón de Giza.  Las pobres niñas lo están pasando fatal con el calor. Vienen vestidas muy poco adhoc: camisas de manga larga como de leñador o incluso sweateres, pañuelos muy lindos para cubrirse la cabeza, y pantalón largo. Claro que a los dos minutos de estar afuera se sofocan. Yo ando en pantalones de lino o algodón que parecen pijama y con playeras de algodón super frescas y tengo calor. No manches. Por mas que les digo que son vacaciones, que prometo no rajar, que se vale que se deschonguen, no se animan. De plano les voy a regalar unos outfits egipcios que cuadren con sus creencias pero que también las tengan frescas: de manga larga pero de algodón o lino clarito y algún gorro que les tape el pelo, pero que se quiten la bufanda. Se ven divinas pero se van a morir.
Terminando la visita y después de tomar fotos muy divertidas fuimos a comer, a ver una fábrica de papiros y a descansar al hotel. Los hoteles en Giza están enfrentito de las pirámides, literalmente cruzando la calle, pero no sé hoy en día que tanto vale la pena quedarse ahí. Están levantando un nuevo museo de Egiptología al lado que va a estar listo en 2020 y va a estar increíble, pero si no, yo creo que de plano está más lindo quedarse en Cairo. Las callecitas de Giza están cotorras porque hay mil tienditas, todos los egipcios te quieren llevar a ver “solo una cosa”, es un peligro cruzar las calles porque manejan como desquiciados. El Steigenberger, El Mercure y el Le Meridien son los hoteles mejorcitos, fuera. El Steigenberger muy superior a los otros dos. Dentro de el complejo de Giza está el Marriott Mina, antiguo palacio. Muy lindo.

            Las niñas cayeron secas, entre el cansancio y el calor después de comer. Esa es otra historia. Sus mamás cocinan delicioso y jamás comen fuera de su casa si no es shawarma- el taco árabe que es el abuelito del taco al pastor- o sopas tipo Maruchan. En serio. Entonces las caras de espanto en el restaurant fueron priceless. Hasta el gerente salió a ver si les podía ofrecer otra cosa. La comida no era espectacular pero tampoco estaba mal, y para ser comida de tour, en Egipto, estaba muy bien: sopita de pasta, varias verduras, pescado rebozado o pollo asado, fruta. Comieron poquísimo con cara de asco y se fueron a echar una siesta.
En la tarde yo salí a dar la vuelta y lo pasé bomba, compré uno que otro trique en las tiendas de “solo venga a ver una cosa”, hasta que Alarís me habló para ver donde andaba. Regresé con perfumes, papiros, escarabajos, fotos y la risa floja.
Nos alistamos para salir a cenar verdadera comida egipcia.
Abou el Sid es un restaurant que es cadena, lo hay en varias sucursales en Cairo, pero es bastante bueno.  Yo quería ir a comer auténtica comida egipcia y probar varios platos. Las niñas no iban a cooperar en esta ocasión. Escogimos una sucursal en un centro comercial, las instalamos en el fast food a comer sus tacos de shawarma, mientras les dábamos  sus vueltas, hay que acordarse que son niñas chicas y súper de pueblo. Con decir que cuando volvimos al hotel ninguna traía la llave de su cuarto. Pensaron que alguien les iba a abrir o que Alarís lo tenía organizado. Coño. No pensé que hasta ahí llegara la cosa.  Mientras Alarís y yo cenamos pichones rellenos, alcachofas con ternera, koshari (que es el plato típico egipcio que nació de las sobras de la semana: arroz, espagueti, pasta corta, garbanzo, lenteja, todo mezclado y sazonado rico y cubierto con cebolla muy frita). Cuando acabaron las niñas vinieron a sentarse con nosotros, luego dimos unas vueltas por el centro comercial. Chistosísimo, rentan  unos como animales con llantas eléctricos y entonces hay escuincles montados en leones y vacas por todos sitios. Tomamos un helado, baboseamos un poco y nos fuimos al hotel pronto porque al día siguiente otra vez nos teníamos que despertar de madrugada para volar a Aswan. Los vuelos al alto Egipto son o muy temprano o muy tarde,  y no hubo en el de la noche, o sea que, ni hablar.
            Pasaron por nosotros a las 3.30 y allá vamos al aeropuerto. Nos dimos cuenta después que Alarís dejó todas sus camisas en el closet. Lo bueno es que vamos a volver a Cairo y mi amiga Omnia me va a hacer favor de organizar que alguien nos las lleve al otro hotel. Por estar viendo que si las niñas, los pasaportes y la manga, dejó su ropa. Ups.
            Me convence cada vez más de lo buena persona que es. Le comparte su desayuno al chofer, le ofrece comida a los polis de los retenes por buena onda, bromea con los niños en las visitas, me hace reír todo el día, a todo dice que si y del mejor modo y siempre disfruta todo. No es el mejor comedor, de hecho era malísimo como su hermana y sus sobrinas, pero a fuerza de hacerle algo de bullying ha mejorado y de todos modos, si sabe que es algo que para mí es importante me acompaña a comer chapulines aunque el no se los coma y ya por lo menos prueba. En México la última vez hasta unas quesadillas de cuitlacoche se zampó y eso no está nada fácil.

Continuará......

viernes, 14 de junio de 2019

Las Fiestas





            Aclaremos la confusión causada por las publicaciones recientes acerca de los festejos. Ahí les voy. Mi cumpleaños es el 11 de Mayo, en la mera madre. Este año tenía planeado festejarlo en el marco de un programa padrísimo con un grupo de amigas- entre ellas, y ahora mías también- mexicanas que vinieron de viaje y Alarís y yo íbamos a trabajar juntos. Pero que se nos complica la cosa. Se nos juntó la chamba cañón. Esa semana tuvimos muchos programas a la vez por lo que nos tuvimos que dividir y repartir trabajo a toda nuestra gente. Además coincidió con que era la primera semana del Ramadán. En un principio, el me dijo que me iba a invitar a un viaje que tenía yo ganas unos días antes de que empezara el ajetreo. Ya estábamos cinchos y en un momento de cordura, pensé que igual era mejor dejarlo para después ya que, con todo el trabajo que teníamos luego, cualquier imprevisto, que si una torcedura de tobillo, una infección intestinal, una insolación, dolores musculares, descomposturas mecánicas o cualquier cosa que pudiera suceder, no estaría tan padre, ni como hacerle luego todos chuecos con la chamba. Total, lo dejamos. Sacamos las múltiples chambas pues tuvimos todo el mes de Mayo programa tras programa, unos separados y otros juntos, hasta al final coincidir con el final del Ramadán. Nos fuimos al pueblo a lo que se acostumbra aquí, la visita de todas las parientas mujeres, a repartir dinero entre los niños y las hermanas y tías como regalo, dulces y a comer y beber ahora sí para volver a acostumbrar al cuerpo a funcionar como se debe. Una cosa  padrísima.
Hubo un conato de que el 4 de Junio se acababa el Ramadán y en varios países así fue, pero luego salieron con que siempre no, que el 5. Se me hace que el responsable en nuestro país necesita lentes o algo. Fuimos los únicos fastidiados. Yo ya quería llorar cuando dijeron que un día más de ayuno. Me saboreaba mi café. Al final me supo delicioso cuando finalmente se acabó. Y pues fuimos muy elegantes de visita a casa de todas las hermanas de Alarís y de las tías, llevando unas tarjetitas muy monas con regalitos.







Pero ahora sí, ya estaba yo lista para mi festejo. Le dije a Alarís, que ahora sí no quería dejar pasar el tiempo y quedarme chiflando en la loma. Pues nos organizamos para irnos a ver al Beduino Volador y checar unas cosas de chamba en Wadi Rum y luego irnos a Dana para hacer una caminata desde Dana y Shobak hasta Feinan, cruzando un valle muy lindo que tiene una parte con agua, una parte de piedras partidas parecidas a Petra y termina en Feinan, una zona de roca volcánica que parece como los restos de un holocausto nuclear, pero que si te fijas bien, entre esas rocas, hay rocas boleadas y trabajadas, restos de una gran ciudad nabatea que se erigía cerca del Mar Muerto. Hoy no queda piedra sobre piedra. Los nabateos, los responsables de la construcción de Petra, tenían sus grandes pleitos con el Reino de Judea, razón por la que cuando los romanos se hicieron fuertes en la zona, decidieron que les era mejor negocio pagarles tributo y ser sus vasallos y hacer que los romanos lidiaran con los latosos judíos y así fue. Al ver esta ciudad arrasada, vemos porqué.  Se hizo el plan y le dije a Alarís que porqué no invitábamos a unos sobrinos, gemelos de 10 años. Son niño y niña. Él ve a Alarís como Chanok y ella es un encanto de escuincla. Le pareció muy bien, pero tenía un poco de resquemor de si iban a aguantarme el ritmo. Dice siempre que camino como caballo salvaje y que no hay gente normal que tolere esos trotes. Le dije que me adapto y que hasta seguro nos daban mil vueltas.
Total que cuando le preguntamos a la mamá de los occisos que como veía, si nos los prestaba, si se portaban bien en el colegio, dijo, yo me porto muy bien y quisiera ir si se puede también.

            Resulta que en Julio vamos a ir a Egipto. Como tengo mis queveres de negocios con varios egipcios tengo que ir a checar el bisne y además en Julio es el cumple de Alarís. Inventé juntar las dos cosas y organizar que fuéramos, de relajo, pero igual a checar todos los tours que solemos vender. Hubo un par de ajigolotones horarios que si tal cliente no nos cuadraba con la fecha original, que había que moverlo, que tal, pero total se armó la machaca. Igual le dije, que si no le importaba porqué no invitábamos a mi cuñada más chica y a las dos sobrinas grandes.  Sobre todo me hacía ilusión llevar a la cuñada chica. Es muy artística, toma fotos padrísimas, pinta, es súper linda y desde que se casó su “partner”, la otra niña chica,  se quedó sola con la hermana que está malita. Vive cuidándola y muy sola y me dieron ganas de sacarla a dar la vuelta, a ver mundo a pasarlo bien y despejarse y para que no fuera sola como dedo, invitamos también a las otras dos púbers, una de ellas hermana de los cuates. Invité a mis hijos primero, que no quisieron venir, méndigos. Entonces por eso la mamá dijo, cero y van dos planes a los que invitan a los niños y a mi nomás me dejan con las ganas. Dijo, si hay chance yo me apunto y que venga otra hermana también para hacer bola. Yo feliz. Ya sonaba más a fiesta.
La noche antes el esposo de la segunda cuñada dijo que igual y el también venía a Wadi Rum con sus niños que son muy chiquitos y que si la caminata no era para ellos tal vez se iba luego a Aqaba con ellos. Ahí si ya me pareció un desastre porque no cabíamos en nuestro coche, ni en mi mini-casa, la procesión iba a ser un desmóder, el business de Wadi Rum iba a tornarse en congal con tanto niño chico y no era plan. Le explicamos al hombre que el plan no se prestaba esta vez, que qué tal que después organizamos algo para los chiquitos tipo llevarlos a un lugar de albercas y toboganes en el mar muerto. No sé si se convenció, pero le dimos esquinazo.

            La primera cuñada apuntada tiene 4 niños. La púber que va a venir a Egipto, los cuates y un chiquito que me trae loca, pero no fue requerido esta vez por el tipo de plan. Alarís le explicó que esta vez no venía pero que después lo íbamos a llevar al Mar Muerto y le enseñó fotos en el celular. La respuesta me rayó: Allah Akbar! Dios es el más grande! Se encantó el chamaco.
Total que el segundo día del Eid, de la fiesta del Ramadán, lo pasamos en el pueblo y en la noche, salimos con las cuñadas y los chamacos de regreso a Amman. Fuimos a comprar unos sándwiches buenazos y llegamos a la casa a cenar, a repartir cadáveres en sillones para ver donde dormía cada quién, Alarís y yo a deshacer una maleta y hacer otra y al día siguiente tempranito salimos para Wadi Rum después de desayunar.
Mis cuñadas, como buenas árabes, son chistosísimas. Habían desayunado, pero nada más subirse al coche sacaron un tupper grande de rollos de parra que trajeron y yo no había visto y unos mamouls, que son unas galletas rellenas de pasta de dátil que habíamos hecho en el pueblo suficientes como para alimentar a Siria, Arabia e Iraq completos y fueron comiendo y alimentando todo el camino.
La chavita traía una gripa medio regular, con calentura y toda la cosa, yo pensé que igual y no lo iba a pasar bien. Nombre! Lo pasó bomba. Se fueron fijando en todo, preguntando todo. Estaban impresionados niños y señoras de que sé tanta cosa de su país. Yo no sé que pensaban que hago cuando trabajo, jajaja. Si creen que solo soy como azafata que habla inglés, español y algún otro idioma y sirvo cafés, pero estaban con el ojo cuadrado.
            Llegamos al desierto a casa del Beduino Volador que nos tenía hecha comida. Me siento con esta gente a veces como los caballos que tienen una bolsa de comida amarrada a la cara. Así igual. Todo el día comiendo.
            Comimos. Fueron apareciendo diferentes niños. El Beduino Volador tiene solamente 13 niños, con dos esposas. Ahí nomás. Vinieron primero unos, y como les dimos un dinerito, que es lo que se acostumbra por las fiestas del Ramadán, fueron apareciendo luego otros. Al más chiquito le preguntó mi cuñada, que tal la Fiesta? Y le contestó: Enloquece. Me encantó su respuesta.
            Nos fuimos con Abou Yousef a ver un montón de cosas que quería que viéramos. Como siempre venimos con gente y de prisa no había habido chance. Lo acompañamos a ver unos terrenos para unas cosas que quiere hacer . Cuando acabamos, nos fuimos para Dana, a pasar la noche en el pueblo antiguo. Nos encontramos a varios amigos también allá. Rarísimo, porque también siempre vamos de trabajo. Nos decían, cuales son tus turistas, o están en otro hotel? Como ven que ahora los turistas somos nosotros.
            El hotel donde nos quedamos es una serie de casitas otomanas viejas que han ido acondicionando. Entonces hay cuartos de distintos tamaños, unos con baño propio, otros no, en distintos recovecos. Como éramos una banda nos ofrecieron un cuarto familiar. Me pareció bien. Era un cuarto grande como en dos ambientes con dos camas en uno y tres en otro y trajeron un catre de militar para acompletar. La sobrina cuando lo vio dijo, pobre de mi hermano! Jajajaja. Le dije, y como sabes que no es para ti? Dijo, no, a mi ya me gustó mi cama, le toca a el. Y si le tocó.  Estos niños no se quejaron ni una vez, ni ella de que estaba mala, ni el del catre, ni de las horas de carretera, ni de la comida o no, ni de nada. Son una gozada.
Al día siguiente temprano empezamos con el relajo de bañarnos todos y desayunar y alistarnos y pasaron por nosotros dos guías en una van espectacular. De no creerse. Era una van vieja, vieja, color verde botella pero por dentro el techo estaba tapizado con un peluche largo gris obscuro como piel de perro-lobo que se movía con el aire, tenía una tirita de fibra óptica con luces verdes alrededor y peluche más rubito en el tablero. Venía retacada a más no poder con comida, colchonetas, alfombras y mugre y media. Venía al volante el buen Ibrahím y al lado venía nuestro guía Ahmed. En otra van igual se trepó un grupo de gente grandota que hablaban algo rarísimo, sospeché que eran finlandeses o lituanos y al final resultó que si, eran de Lituania.   Salimos todos para el mismo lugar. Pasamos por Shobak y su castillo, los niños y las cuñadas muy atentos a la historia y nos bajamos de la camioneta para empezar a caminar por el Wadi Gugawheir.

 Este es un valle que atraviesa desde la parte alta de las montañas de Dana hasta la parte más baja de Feinan. Por el valle son 16 kilómetros.  Se puede hacer solo de bajada y volver en coche rodeando, o volver por el camino de Feinan, otros 16 kilómetros muy áridos y de subida o se puede hacer lo mismo y continuar hacia Petra. Nosotros por cuestión de tiempo, como íbamos a viajar a España y México preferimos hacer solo la bajada, acampar abajo, volver a Dana en coche y regresarnos a Amman a repartir parientes, terminar maletas y alistarnos para el viaje.
La caminata fue lo que esperaba y más. Los paisajes preciosos. No rapeleamos como quería originalmente en atención a las cuñadas y los sobrinos, que estos últimos no creo que hubieran tenido ni medio problema pero las cuñadas igual y si algo. Mahmoud decía que son gordas (en español) cuando había algún brinco grande y había que ayudarlas, pero lo que pasa es que no tienen costumbre de andar afuera, ni de moverse mucho, pues claro que no son muy ágiles. Eso si, mega-glamorosas.  Los niños lo pasaron en grande, corrían como chivas detrás del guía, nadaron en todas las cascadas y pozas, y se divirtieron muchísimo.
            En Jordania en verano las moscas son un problema caray. Hay millones. No sé de donde salen tantas. A la hora que comimos había cientos de moscas por todos lados. Una cosa molestísima. Seguimos caminando. Casi al final nos encontró un coche porque una de las lituanas se había torcido un tobillo fuerte, y la fueron a rescatar. El coche volvió a ver si necesitábamos algo, las tías se subieron felices y los niños también. Alarís y yo terminamos el camino hasta llegar al campamento. Ahí nos esperaban dos campamentos montados, uno para los lituanos y otro para nosotros con fogata, shisha, fruta y prepararon una cena de asado, verduras y té. Otra vez una cantidad de moscas del terror. No sé que se pueda hacer. Estoy pensando en inventar una mega-tienda de tul para llevar en mis picnics en lo que dura el verano porque es una cosa asquerosa comer lleno de moscas. No son unas poquitas. Son miles.
            Caminamos por la ciudad destruida, vimos el atardecer, vi un ratón del desierto, de esos trompuditos sin cola, muy lindo, unas hormigas gigantes. Me encontré un cacho de una vasija con dibujos Ummayads, del siglo VII. Nos faltó traer menos triques tipo alfombras y tal y traer un cubilete o un dominó cubano o una guitarra. Las noches de campamento son largas y se prestan a jugar a algo o cantar.

Las estrellas, espectaculares, pues estábamos en medio de la nada.
Dormimos en las tiendas de campaña pegaditas. En una Alarís y yo, en la otra las tías y los niños.  En la noche iba a ir al baño y sentí como que había algo en la obscuridad, me fijé bien y si, había un perro grande de un pastor, justo a la orilla del campamento. Muy bien portado, pero igual.... Me dio nervio, seguro más allá había más cosas. Mejor me esperé a que fuera de día. En la mañana como a las 5 que salió el sol me desperté y con una botellota de agua, ahora sí me fui traslomita al baño, a lavarme, a lavarme los dientes y a cambiarme de ropa.
Mis cuñadas, divinas, salieron de la tienda con hijab puesto, rayita en el ojo, todas monas. Yo como la madre de los vientos, por no variar.
Los lituanos, menos la herida, partieron a las seis de la mañana para hacer el camino de regreso. Nosotros recogimos todos los triques y no se porque ahora solo había una van, entonces nos retacamos como piojos en costura con los trebejos de los dos campamentos y nos fuimos. Para volver, hay que rodear el valle, ir hasta Little Petra por el camino de Feinan, que si has venido conmigo a Jordania, es el camino ese que me choca llegando a Petra de miles de curvas y curvas entre roca volcánica, donde la gente, incluida yo, que siempre voy volteando para atrás, se marea.  De ahí ya agarras una carretera más rectita a Dana que está muy cerca. Llegamos de vuelta al hotel, mis cuñadas se arreglaron de nuevo, compraron provisiones, que no agarran coche sin comida, vayan a pasar hambres, y nos regresamos a Amman. Las fuimos a dejar a la estación de autobuses para que se fueran a su pueblo y nosotros nos fuimos a las compras de pánico y a terminar de empacar porque hoy salimos para España y para México porque se casa mi hermano.  En efecto, yo que suelo comer piedras sin medio problema, me enfermé de la panza.  Quién me manda a andar pescando renacuajos y luego comer con esas manos, pero ya fui a la farmacia a que me recetaran un veneno.
Y sigue la fiesta!!!!!


lunes, 3 de junio de 2019

La Pared


           

Cuando empecé a correr maratones se hablaba de “la pared”. Muchos corredores decían que llega un momento en que te topas con una “pared” física y mental donde crees que ya no puedes más y hay que vencerla para poder terminar la carrera. Yo la verdad, no sé si porque entrené con chipocludos (porra para mi tía Helga y para Benjamín Paredes, por favor), nunca me topé con el dichoso muro. Si había ratos en las carreras de 42 km en que mi cabeza empezaba a quererme convencer con argumentos sumamente lógicos de que no había necesidad de continuar. Para qué digo que no. Pero nunca sentí que no podía más.
            Me he acordado de la dichosa pared porque es mi tercer año de Ramadán y ahí si, la recta final cuesta muchísimo trabajo y dan ganas de aventar la toalla, los platos, el trastero completo e irse a zampar un brunch de los buenos. 
            El Ramadán, para el que no sepa, es el mes santo de los musulmanes, en el que se llevan a cabo obras de caridad, se tiene más en cuenta la espiritualidad y se ayuna durante todo un mes. Todo el día. De la hora del primer rezo, que varía según el calendario lunar, y según cada país, pero este año en Jordania por ejemplo fue sobre las tres y pico de la mañana, hasta la hora del rezo del atardecer o Maghreb, que este año tocó entre 7.30 y 7.45  pm. No se come, no se fuma, no se bebe nada, no se toman medicinas por vía oral y no se tienen relaciones sexuales.  Ha hecho un calor de terror y hemos tenido muchísimo trabajo o sea que la cosa ha estado de a peso, por lo menos para mí. Eso de no tomar café, mal dormir y pastorear turistas a 40 grados a lo largo de 16-18 km al rayo del sol, hablando sin parar, nosta fazil, diría un amigo de mi papá.

            Mi mamá siempre me dice, Ay hija, pero si tu no eres mahometana, y a mi nada más me da risa, porque a nadie le he oído el término más que a ella. Y si, no soy. Pero me gusta la filosofía teórica detrás del ayuno que es de verdad ponerte en el lugar del que no tiene que comer o qué beber, no un ratito, sino que de verdad pases penurias un tiempo, para que lo sientas de verdad. También, que ejercites tu voluntad, no haciendo lo que te viene en gana en el momento que tu quieras, sino que te ciñas a algo mayor que tu, pensando en otros. Además es una cosa, en un país con 94% de musulmanes, que casi todo el mundo hace, y todos se fijan en quién si y quién no. Y hete aquí que yo, siendo la única guía mujer que anda como chiva fuera de su casa, porque hay una que otra mujer guía pero pocas ejercen y ninguna duerme fuera de su casa, no se considera decente- y la única extranjera, ya de por sí tengo varias cosas que me separan de todos mis colegas. El ayuno en este caso, hace que me acepten, que me inviten a romperlo con otros compañeros, que me inviten dátiles y jugo, que me miren con respeto. En general, la idea es linda y hay mil muestras de buena voluntad de toda la gente: a la hora del Iftar que es cuando se rompe el ayuno, hay gente repartiendo agua y comida en las calles, poniendo mesas para que coman los que están en camino o quienes no tienen manera de llegar a su casa o pagar un restaurant, todo el mundo comparte. En realidad luego hay gente que anda concediendo deseos, con un genio del demonio porque andan mal comidos, mal dormidos, mal...... Total que mal que bien ahí lo vamos llevando. Yo soy de la idea de vencer o morir, o sea que lo he hecho de manera estrictísima todos los días. Se supone que si te sientes mal, que si viajas lejos, que si..... te lo puedes perdonar y pagar una multa en forma de limosna y reponerlo otro día. Yo ni maíz, me lo echo todo seguidito porque ya me conozco que si un día me doy permiso, se me va a hacer fácil tener pretextos a cada rato. Además sirve que adelgazo algo, porque la comida de mi pueblo ha hecho que me apriete hasta la pijama.

            Lo que extraño como perro es mi café. Sufro tremendamente por no poder desayunar con un cafecito. Hombre, si quiero tomar agua, si quiero comer mugreras, si quiero dormir bien, pero mi café de en la mañana y el dormir la noche de corrido es lo que más trabajo me ha costado.
            Ya se ve luz al final del túnel y es cuando me empiezo a desesperar porque has de saber que el final del Ramadán no es una fecha fija. No señor! Como en el siglo VII, en vez de ver la luna con un telescopio fregón si se han de basar en la luna, ponen a un viejillo en Arabia Saudita a mirar la luna y a decidir si ya o ya merito. Y como esté nublado, pues ya valió sombrilla.  Eso si me pone del peor humor. Se supone que termina mañana la cosa. Es ridículo porque el día del final, se llama el Eid y es fiesta nacional. Los bancos cierran, los negocios también. Pero no se puede saber ni planear porque no hay fecha hasta que el Saudi no vea la luna. Te llegan notificaciones de Primer Día del Eid: no trabajamos, Horario del segundo día, tal y cual..... tercer día, pero no sabes cual carambas va a ser el dichoso primer día. No puedes planear nada. Un desastre.

            Alarís me invitó a festejar mi cumpleaños con una caminata de Dana a Petra con campamento y rappel. Como íbamos a estar mega-ocupados en mi mero cumpleaños lo íbamos a hacer antes, pero en un momento de prudencia decidí que mejor después, no fuéramos a tener algún percance y luego como cumplíamos con los compromisos de chamba todos chuecos. Pues ahora lo vamos a hacer. Pero la fecha exacta...... está por verse por este tango del Eid. Invité a dos de mis cuñadas, y no se pueden ir antes de que termine la pachanga del Eid, tenemos que ir a ver al beduino volador y nos vamos a México y eso sí es inamovible o sea que la cosa está apretada e incierta porque, uno nunca sabe. Se supone que hoy en la noche se espera el avistamiento e Inshallah mañana por la mañana habrá café.
Salam!

Sorpresas y Regalos

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